---REFLEXIONES DOMINICALES----

DOMINGO 15° TIEMPO ORDINARIO

La pedagogía de Jesús

 

Como sin querer, en más de una oportunidad, me ha tocado dar clases en diversos ámbitos y sinceramente me parece una titánica tarea en estos tiempos, debido a la cantidad de información que existe al alcance de “casi todos”. Debido a este fenómeno, se apela, o mejor dicho, se da mayor importancia, al manejo de dicha información y no a la memorización de la misma. El manejo de información resulta más importante y más relevante y es donde un buen maestro tiene que apuntar, si quiere que sus alumnos “aprendan”.
En los tiempos de Jesús lo pedagógico iba por otro lado, hablar de algo con autoridad te daba prestigio, más aún si revelabas tu gran conocimiento del tema mientras dabas alguna clase o enseñabas. Los maestros que había eran muy pocos. Seguramente existirían escuelas rabínicas que enseñaban la “Torá” y una serie de normas que tomaban la jurisprudencia como ley de Dios. Jesús era un maestro, un maestro bastante raro para su tiempo ya que no entraba dentro de los cánones pedagógicos de su tiempo. No ofrece grandes discurso ni elucubraciones sino que recurre a la sencillez de las parábolas.
Hoy en día, una de las cuestiones en la que coinciden la mayoría de estudiosos acerca de los evangelios y la biblia es la novedad de las parábolas como un recurso pedagógico propio de Jesús, y es así, desde esa novedad, como la tradición las recoge en los evangelios y llegan hasta nuestros días.
Pero, que era una parábola, antes de dar un gran argumento, mejor pensemos en una parábola como una comparación sencilla, juiciosa y certera respecto a algún tema u asunto. Un recurso bastante coherente y nuevo que podía ser entendido por la gente más sencilla.
A mí personalmente me causa admiración leer las parábolas, estudiarlas, reflexionarlas. Me parece increíble la sencillez y la profundidad que se esconde en estos mensajes. Este pasaje del evangelio no es una excepción y nunca me cansaré de preguntarme: ¿Por qué habla Jesús por medio de parábolas? Jesús no responde directamente. Él tiene claro que sus discípulos pueden entender los misterios de su reino, aunque es parte de su proceso de enseñanza.
¿Cómo aprendieron a entender las parábolas los discípulos? Los discípulos pueden entender el mensaje y lenguaje del maestro desde la cercanía, el contacto e ir conociendo a una persona de Jesús, eso les ayudaría a entender su mundo y entrar en su propio misterio. Aunque en este pasaje bíblico hay una excepción, aquí no hay una total aseveración del mensaje, por el contrario, los discípulos le reclaman, quizá con la misma pregunta que alguien puede hacerse en estos días: ¿Por qué hablar en parábolas? y Jesús es lapidario: -“porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden”.
Alguien con poca “visión” podría pensar que Jesús es un exclusivista y que su mensaje solo está destinado a unos pocos. Jesús no hablar de unos pocos “capacitados” sino más bien de aquellos que han sido “educados” por él en su cercanía, en una relación que va más allá del ser maestro – discípulo. Una relación que se centra en la misma cercanía que tiene el Hijo con su Padre, al llamarlo “Abba”, y que busca que la tengan sus discípulos con él. Un mensaje que resulta decisivo en un momento difícil de hostilidad y dificultad cuando es necesario afianzar la identidad.
Jesús no se cansa de enseñar y nos sigue enseñando, sea con parábolas, o con otro tipo de mensajes. Jesús es el único que sabe ver nuestra realidad y desde esa realidad nos habla y son sorprende.
Jesús no se cansa de hablar, de mostrar el Reino, de dar señales y palabras a todos los hombres. Hace unos días escuchaba algo sobre el silencio de Dios. ¿Puede Dios, que es amor, que da a su hijo, un Dios que salva (Sal 68,22) estar en silencio? Yo pienso que no. Ese Dios, el Dios revelado en Jesús nunca puede estar en silencio, a pesar de los momentos de dificultad y soledad, por el contrario, en esos momentos es cuando Dios busca manifestarse y darse a conocer, dar compañía, y amar, y amar sin medida.
Finalmente, no he querido partir de un mensaje que está totalmente explicado, en relación a los tipos de suelo que nos exige el sembrador para dar fruto sino he insistido en la pedagogía porque pienso que es algo que muchas veces pasa desapercibido y es que para dar frutos y recibir esa buena semilla hay que estar preparados, instruidos y solícitos al maestro. Somos los privilegiados a los que se nos da concedido conocer como “Misterio”… No lo olvidemos jamás. Sigamos prestos a ser instruidos en la pedagogía del maestro.
Dios nos ayude a ser testigos de su Reino

 

HNO. VERO URBINA, CM