---REFLEXIONES DOMINICALES----

DOMINGO 25 T. ORDINARIO

Es curioso lo que el evangelio de este domingo nos presenta. Quién en la actualidad no ha contratado alguien para un servicio y con el pasar del tiempo ha ido descubriendo que le faltan manos al obrero y vamos contratando y sumando más personal a un trabajo.

Fijemos nuestra mirada en los arquitectos que diseña un edificio y comienzan a buscar trabajadores, No todos son llamados para hacer las bases, no todos serán llamados para construir las paredes, cada uno en su función cumple un rol muy importante. Es curioso en el trabajo humano cada quien recibe su salario según su profesión o según la capacidad por la cual fue llamado, en cambio en el evangelio el Señor nos presenta una figura distinta todos los trabajadores recibirán el mismo premio porque, porqué el Señor no hace distinción, el Señor ama a todos, el Señor quiere a todos, el Señor se manifiesta a todos, solo el comprende el corazón del hombre. Así las puertas del reino de los cielos no se han abierto a uno, ni si se han cerrado a otros, por el contrario seguirán abiertas para que otros sigan entrando en ella.

Este relato evangélico, parece situar a los trabajadores de la mañana que llegaron primero, en una escena de celos, pero porqué preocuparnos por el trabajo del otro, si muchas veces no hacemos bien nuestro propio trabajo. Ponemos más ojos en los defectos de los demás, queremos medir a los demás según nuestra fuerza y quiénes somos nosotros para medir al hermano cuando el de arriba el Señor ya sabe lo que nos corresponde a cada uno.

Este salario justo para todos es el salario que muchos reclaman en la actualidad, un salario digno, un salario justo, un salario equiparado a los gastos que se puedan generar en la casa. El Señor es el modelo de un ministro económico, es el prototipo de la economía en la vida, sabe lo que necesitamos, sabe lo que cada uno desea para el bien de su familia, por lo tanto él sabe que el sueldo, el salario, la paga de nuestro trabajo sea recompensado según la fuerza y la magnitud que trabajemos por el bien del otro.

Queridos hermanos, es tiempo de ponernos a pensar si el trabajo que realizamos verdaderamente vale el sueldo que el Señor nos va a pagar. Trabajemos honradamente, busquemos la caridad, ayudemos al hermano, todo eso suma para que el salario nos permite ingresar al reino de los cielos. Comencemos a concadenar otras manos que trabajan por el bien del otro, que el suelo que el Señor nos pagará en el día final sea el sueldo que nos merecemos porque seremos medido con la misma vara, que hemos trabajado aquí en la tierra.

Que es domingo tengamos muy presente a todos nuestros hermanos que estamos en el seminario, por un momento de vocaciones a la vida consagrada la vida sacerdotal, de manera especial por un aumento de vocaciones en la Congregación de la Misión. Oren mucho por nosotros que estamos en camino y por los hermanos que ya emprendieron este rumbo, oren para que permanezcamos fiel a la vocación a la cual hemos sido llamados.

HNO. FRANCO ENRIQUE NAVARRO, CM